De boda y sin tacones: si quieres, puedes

Con el mes de mayo se inaugura la temporada oficial de bodas y siempre que recibo una invitación tengo que enfrentarme a la incógnita que más se repite –con abrumadora diferencia– en la cabeza de una mujer: “¿Qué me pongo?”. Una boda es algo así como los Oscar del proletariado. Es el único momento del año en el que puedo ponerme un vestido de fiesta, una moña en la cabeza, unas sandalias de tacón que dé vértigo asomarse, maquillarme y peinarme como una puerta sin que a nadie le parezca fuera de lugar. Puedo pasear por el instagram de Miranda Makaroff, el blog de Paula Echevarría o los vídeos de Dulceidacon la intención de obtener ideas y no solo de cotillear.

En una boda una puede desparramar toda su feminidad por la alfombra roja y sentirse, por fin, la reina de algo que no sea su casa. En este momento pensaréis “La reina, en todo caso, sería la novia”. Pero en el fondo del lugar en que reside vuestro gusto estético, sabéis igual que yo que, mientras la tradición mande que vayas vestida de medieval y lo acates, la novia no es competencia.

Seguir leyendo en: https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/con-dos-ovarios/2017-07-15/bodas-zapatos-vestidos-tacones_1414959/ 


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