En un parto no se tiene ningún respeto por el cuerpo de la mujer

La historia de mi parto parece un concatenamiento de ‘invents’. Por eso –antes de empezar– he de alegar que tengo un testigo ocular que puede dar fe de todo lo que os voy a contar.

Me había comprado un camisón de embarazada sexy para la ocasión, pero la matrona me entregó uno de color amarillo pis que me daba el mismo porte que a Bette Davis en ‘¿Qué fue de Baby Jane?’. Estaba terminando de cambiarme, observando la sala de dilatación con detenimiento, cuando se abrió la puerta y entró alguien vestido a medio camino entre la vecina de Valencia –con chubasquero y bolsa de la basura en la cabeza– y el asesino de ‘Sé lo que hicisteis el último verano’. “¿Cariño, ¿cómo estás?”. Era el padre de la criatura. En su atuendo no faltaba un detalle. Hasta le habían metido los pies en unas mini bolsas de plástico verde fosforito a juego con una especie de gorro de ducha. De repente, yo era la mejor vestida de la habitación. Quieras que no, y dadas las circunstancias, eso me alegró la noche.

Seguir leyendo en: https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/con-dos-ovarios/2017-10-28/parto-violencia-obstetrica-embarazo_1468238/


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