La fauna que acecha en nuestras playas a una mujer en ‘topless’

Cuando hago la maleta para irme de vacaciones llevo tanta ropa de baño que no sé si voy a la playa o a protagonizar un reportaje de ‘Sports Illustrated’. Las tetas femeninas están tan poco aceptadas fuera del marco ‘poner cachondos a los hombres’ que necesito un arsenal de bañadores para las diferentes situaciones que se me presentan en un día playero cualquiera. Me explico: suelo hacer ‘topless’, pero por la razón que sea, no está bien visto que tome una cerveza apoyada en la barra del chiringuito con los pezones al aire –porque todos sabemos que el problema es con tus galletas María y no con el pecho en sí–.

Entre mi toalla y el bebedero apenas hay diez metros de distancia, pero oye, de repente estás como fuera de lugar. Tus pezones no son bien recibidos. La línea en donde comienza la terraza del chiringuito es algo así como el paralelo que divide el Círculo Polar. Has pasado a otro estrato y aquí las normas son diferentes. Así que hasta que no se pongan de moda en la playa las pezoneras tipo Elvira –no descarto ser pionera en esto– debo seguir comprando la parte de arriba o cambiando la braga por un bañador para refrescar el gaznate. Podría prescindir de las visitas al chiringo, pensarán algunos, que no consuma donde no soy bien recibida, pero es que entonces no sería yo.

Seguir leyendo en: https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/con-dos-ovarios/2017-08-26/topless-playas-mirones_1433485/


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