Madres primerizas en hoteles familiares: el drama final

Da igual cuándo leas esto, hace unos tres años en este preciso instante yo estaba borracha perdida dándolo todo en Ibiza. La época estival es, con mucha distancia, cuando una se da cuenta de que la maternidad ha cambiado irremediablemente su vida. He pasado de desgañitarme con los temazos veraniegos de Calvin Harris a encontrarme en un parador, tomando algo tranquilamente con mis amigos, y acabar todos juntos cantando “Estaba el señor don Gato sentadito en su tejado”. Y no porque estuviéramos mamados, que podría ser, sino para ver si mi hijo dejaba de parecer el niño de ‘La profecía’.

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